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En el exilio


A fines de noviembre de 1976, finalmente pudimos salir, junto a mi padre, madre y hermanita, rumbo a Suecia, bajo el amparo del Comité de Migraciones Europeas. En el trayecto, el avión hizo escala en un país africano y se detuvo por algunas horas para cargar combustible. Bajé del avión junto a papá para estirar un poco el cuerpo. Ahí nos topamos, en el hall central del aeropuerto, con un hombre alto, de tez negra, que vendía productos típicos de su país. Mi padre se le acercó curioso, pero se vio frenado por mi mano de niño que se resistía a ir con él. Yo nunca había visto a un hombre negro en toda mi vida. El vendedor, que se dio cuenta de la situación, entretenido me extendió su mano en señal de amistad, pero yo escondí asustado la mía. Ante eso, mi papá pacientemente me explicó que todos los hombres somos lo mismo, seres humanos, y aunque cada uno sea diferente en su aspecto y costumbres, siempre hay que tener presente que el otro es un igual. Para darle mayor énfasis pedagógico a estas ideas, mi papá le guiñó el ojo al vendedor y se tomaron de la mano como viejos amigos. Luego de ello me invitó a que hiciera lo mismo. Ya estimulado por el ejemplo de papá, le di la mano al vendedor, pero no pude evitar mirarme luego la mía para comprobar si se había manchado. El vendedor, mi papá y la gente que se había agolpado a observar esta pequeña escena no pudieron reprimir la risa.

En el exilio, mi padre se dedicó fundamentalmente a denunciar los atropellos a los derechos humanos en Chile, y a coordinar actividades de solidaridad mundial desde su cargo de encargado internacional de las Juventudes Comunistas. Publicó, además, el libro testimonial “Desde el túnel”, que narra la detención que sufrió en 1976, y en forma diaria se dirigió a los jóvenes de Chile a través de la señal de Radio Moscú infundiéndoles valor y esperanza en la capacidad del pueblo trabajador para retomar la lucha por sus derechos.

1 comentario:

Jorge Leonardo dijo...

Interesante lectura, seguiré leyendo mas adelante, ahora he hecho un alto en el trabajo para escribir.

Saludos fraternales desde Suecia.-

Jorge Villalobos M.-

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