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Regreso al "interior"


En 1982, tras haberse separado de mi madre, retornó a su querido país, haciéndose inmediatamente parte del movimiento gremialista del magisterio. Sin embargo, junto a su nueva compañera, Owana Madera, tuvo que hacer frente a continuas órdenes de detención y seguimientos. Participó de la creación del Movimiento Democrático Popular y asumió con liderazgo indiscutido la presidencia del Consejo Metropolitano de la Asociación Gremial de Educadores de Chile, AGECH. Esta vez tampoco, sin embargo, dejó de lado su actividad favorita de profesor primario, trabajando primero en un liceo de Conchalí y luego en el Colegio Latinoamericano de Integración, donde pude compartir con él como alumno y conocer otra faceta de su actividad.

Con Owana se habían conocido durante el exilio en Budapest, Hungría. Los ojos intensos de esta joven chilena de origen nortino -hermana del Pato Madera, uno de los muralistas fundadores de las Brigadas Ramona Parra y yunta con mi padre- así como el entusiasmo con que ella asumía el trabajo con los niños, lo cautivaron y enamoraron. Muchos fueron los poemas de amor que le escribió mi padre a Owana, y siempre se les pudo ver juntos, acompañándose, incluso bajo Estado de Sitio.

Yo había conocido a Owana también en Hungría, cuando ella era la encargada de pioneros de la comuna donde yo vivía. Muy atractiva, todos los preadolescentes chilenos que hacíamos actividades con ella la mirábamos fascinados, que es como aún hoy miro a la bella Owana. Ella, como mi mamá, toca guitarra, canta y es muy buena para reírse. Los años que mi padre estuvo junto a ella siempre lo vi feliz, profundamente enamorado, por lo que junto a América siempre le estuvimos agradecidos a Owana y le tomamos muchísimo cariño.

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